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domingo, 20 de marzo de 2011

Dúas figuras e un só home: Pedro Madruga e Colón

O historiador Philippot di que o descubridor de América e o nobre eran a mesma persoa
Cristóbal Colón     e     Pedro Madruga
 
A orixe de Cristobal Colón ven suscitando unha fonda polémica dende hai séculos. Lugares como Génova, Cataluña, Mallorca, Andalucía ou Portugal dispútanse a procedencia do navegante, amparados en lendas, investigacións ou teorías máis ou menos serias. Unha delas, que se remonta ao século XIX, sostén que Cristovo Colón era galego. Concretamente, da localidade pontevedresa de Poio. Esta semana, a posible galeguidade de Colón recibiu un espaldarazo por parte do capitán de Mariña Mercante, historiador e investigador Alfonso Philippot.
O vigués pronunciou na Casa de Galicia en Madrid unha conferencia titulada A identidade de Cristovo Colón, no que afonda en teorías xa coñecidas en moitos casos, pero nunca afirmadas con tanta rotundidade. Ante a mirada do director do centro, José Ramón Ónega, e de máis dun cento de espectadores, Alfonso Philippot afirmou, rotundamente, que “Cristovo Colón e Pedro Madruga son a mesma persoa”.
Para el, o descubridor de América “era o fillo ilexítimo do señor de Soutomaior e a galega Constanza Colón, que foi adoptado unha vez que esta casara con Juan del Rivero, algo común na época”. Perfectamente consciente de que para moitos esta teoría “pode ser considerada unha barbaridade”, Alfonso Philippot defende a súa tese nas páxinas de Xornal de Galicia.

“A TESE MÁIS COMPLETA QUE EXISTE”
O historiador vigués sinala que, “tras moitos anos traballando nesta tese”, está en condicións de afirmar que se trata “da máis completa que existe” sobre as orixes de Cristobal Colón. “A clave da cuestión e a solución do enigma radica en que había que buscalo nas relacións familiares do personaxe con elementos clave da corte, como o Cardenal Mendoza, brazo dereito dos Reis Católicos e primo seu”, dixo.
“Tras adoptar o nome de Pedro Madruga, acaba exiliado en Portugal por medo ás represalias tras as súas accións durante a guerra de sucesión ao trono de Castela, pois el se puxera ao lado de Xoana a Beltranexa, loitando na batalla de Toro de 1476 ao lado dos portugueses, gañandose o título de rebelde, o que naquel tempo podía supoñer a morte”, explica Alfonso Philippot.
A partir de aquí e onde comezan as dúbidas ao respecto da teoría do investigador galego. A versión oficial sinala que Pedro Madruga tomaría rumbo a Alba de Tormes en 1486 para tratar de congraciarse cos monarcas Católicos. Alí, tras reunirse co Duque de Alba, falecería en estranas circunstancias.
Logo, o principal problema da teoría defendida por Alfonso Philippot é que parece bastante difícil que Pedro Madruga descubrira América en 1492. Principalmente, porque xa levaría seis anos morto.

“ESTÁ DESAPARECIDO, NON MORTO”
A presunta morte de Pedro Madruga en 1486 non supón ningún problema para Alfonso Philippot, xa que para el esta teoría “non está recoñecida”. “El está desaparecido, non morto porque, de morrer, a familia tivera pedido recuperar o cadáver para traelo de volta a Galicia, pois ninguén llo ía prohibir”, afirma.
O investigador sostén que o que sucede ese ano é que a vida de Pedro Madruga “interrómpese no mes de abril, que é cando está en Alba de Tormes”. “El está aloxado no mosteiro de San Leonardo, agardando polo famoso Consello de Salamanca, onde se ían discutir os plans da viaxe á India que desembocaría no Descubrimento”, sostén Philippot, que engade que “o propio prior” lle confirmou a presenza do galego. “Despois disto é cando desaparece do mapa e se reincorpora á sociedade como Cristobal Colón”, conclue.

HÉCTOR J. PENA www.xornal.com 20/03/2011

lunes, 7 de febrero de 2011

Annette Meakin

"É necesario para a completa nacionalización de Francia que a lingua de Provenza morra? É indispensábel para a prosperidade de Bélxica que a lingua flamenga desapareza? Debe Gran Bretaña desterrar aos galeses á Patagonia se os escoita falar a lingua dos seus pais? Non; mil veces, non. É ruín e covarde terlle medo a unha lingua. Máis ben, é o deber obrigado da Civilización facer todo no seu poder para preservar todas as linguas que produciron unha literatura."

Con estas reflexións definiu Annette Meakin a situación da lingua galega no seu libro "Galicia, the Switzerland of Spain" tras a  viaxe que fixo por estas terras a comezos do pasado século.

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Hace un siglo, la inglesa Annette Meakin viajó a Galicia y dejó constancia de sus impresiones en un libro célebre en el género, ´Galicia, la Suiza española´, publicado en 1909. El viaje de Meakin comenzó en A Coruña, a donde llegó por barco. En la ciudad quedó sorprendida ante el hecho de que las galerías de cristal fuesen el único sistema de calefacción

La A Coruña que vio hace un siglo la viajera inglesa Annette Meakin

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Galerías de la Marina en la época en que viajó Annette Meakin a la ciudad de A Coruña.
Galerías de la Marina en la época en que viajó Annette Meakin a la ciudad de A Coruña. arquivo do reino de galicia

"Aquí el cristal (de las galerías) es el único aparato de calefacción", dice, y se sorprende ante el aspecto "oriental" de las calles coruñesas.

ISABEL BUGALLAL. A CORUÑA. "A Coruña tiene uno de los mejores puertos de Europa y desde tiempos remotos la ciudad fue considerada una de las principales fortalezas de la Península", escribe la británica Annette Meakin en su diario de visita a Galicia, hace ahora un siglo. El viaje le causa una profunda impresión, sobre todo el Camino de Santiago desde la costa de Arousa, así como Noia, Padrón, y sobre todo, Compostela.
La viajera llegó a Galicia a bordo del buque Reina Federica Augusta y desembarcó en A Coruña, una ciudad que entonces no tenía más de 50.000 habitantes, y de la que no parece haber salido tan conmovida.
Las impresiones del viaje fueron recogidas en el libro ya clásico del género, Galicia, la Suiza Española, publicado en Londres en 1909 y que refleja que Meakin no sólo es una gran observadora de costumbres, sino que también ahonda en la cultura y la historia de los lugares por los que pasa.
Su primera visión son las casas de galerías de la Marina, "que presentan una apariencia novedosa para los ojos poco acostumbrado", anota: "Parecía una línea de invernaderos, y yo recordé el proverbio sobre la gente que vive en casas de cristal, y me pregunté si no serán originarias de A Coruña".
Se informa de que las galerías sirven para recoger el calor del sol durante el día y calentar las casas, "en lugar de las chimeneas": "Aquí el cristal es el único aparato de calefacción con el que están abastecidas las casas de Galicia".
Meakin, hospedada en el Hotel de Francia, en la Plaza de Mina, recuerda su llegada a tierra: "Nos rodeó inmediatamente una multitud de mendigos de aspecto miserento y de todas las edades y descripciones posibles. Muchos de los chavales eran bizcos, otros eran tuertos y algunos eran ciegos de los dos ojos. Muchos estaban terriblemente tullidos, y tenían dificultades para seguirnos con los miembros que les quedaban; pero seguir nos siguieron, algunos a cuatro patas".
Desde la galería del Hotel Francia, la viajera observa que "los burros abundan tanto como las bestias de carga" - lo cual da a la ciudad "un toque oriental", dice- y que "los tranvías y los carros estaban tirados por mulas, y casi todas las mujeres llevaban algún fardo en la cabeza".
Su primer paseo fue por las murallas, hasta el jardín de San Carlos, para visitar la tumba de su compatriota John Moore, muerto en la batalla de Elviña, en 1809. A Meakin le emociona la belleza de los versos del túmulo y se pregunta si realmente fueron escritos por Mr. Newick, como está extendido, pero constata que hay dudas sobre su autoría: "¿Como pudo un joven cura irlandés, que nunca había salido de las Islas Británicas, componer, años después del suceso, aquellas hermosas líneas en su sepultura, donde cada una de ellas late con sentimiento personal, verismo y detalle?".
Al dirigirse a la torre de Hércules pasa por el Campo Santo, "un gran cementerio con muchos y hermosos monumentos de mármol". Se fija en los árboles y en las flores y escucha las explicaciones de un sacerdote: "Estos monumentos fueron todos esculpidos en Italia, donde el mármol de Carrara y la escultura son relativamente baratos: es fácil traerlos aquí por mar desde Génova"
Se detiene en uno de los panteones que semeja una capilla. "Es la casa mortuoria de todos los ataúdes que nadie reclama", le informa el cura. A Annette Meakin le sorprende que en todas las tumbas haya inscrito "RIP" y, sobre todo, que en las de los niños ponga "subió al cielo". "La muerte temprana en España es más materia de alegría que de pesar", deduce.
Después de visitar la torre de Hércules, va a la plaza de María Pita. Piensa que Sir John Moore no es el único inglés cuyo nombre ha quedado firmemente vinculado a la ciudad de A Coruña en las mentes de los españoles: la plaza está dedicada a la heroína que peleó contra "Sir Francis Drake"-el pirata Drake, en versión patria-.
La escritora inglesa constata que en esa época la pesca es la industria más importante de A Coruña y que "las excelentes fábricas de hielo recientemente implantadas dieron al comercio un maravilloso impulso". El frío permite enviar pescado a Madrid cada día por ferrocarril.
"Las mujeres y los niños ayudaban a llevar las sardinas por el portalón en cestos en equilibrio sobre la cabeza" para luego depositarlas en las cajas de transporte.
"Nuestras mujeres son demasiado gordas porque tienen una vida regalada; no tienen trabajo suficiente ni de mente ni de cuerpo, dijo un caballero español", anota Meakin. "Incluso nuestros hombres son perezosos, añadió. En España el hombre espera a heredar la hacienda del padre y mientras el padre vive sigue siendo el hijo y nada más; sólo adquiere responsabilidades e independencia a la muerte de su padre. En Inglaterra, por el contrario, el padre da responsabilidades a su hijo, lo educa y después espera que ocupe su propia posición por si mismo".
Annette Meakin observa que en A Coruña ya no hay tantas fábricas de chocolate como cuando Cuba era española y desde allí se enviaban grandes cantidades de cacao. La viajera visita una de ellas y una vivienda de pobres con cuartos sin luz y sin ventanas. "Los pobres de A Coruña subsisten principalmente a base de verduras", dice, sobre todo de "caldo gallego".
Después, visita el asilo de las Hermanitas de la Caridad, "limpio como una patena", un lugar agradable con "aire fresco y puro", pero allí constata que, pese al confor, "los pobres están siempre descontentos" y deduce que ella misma "preferiría la vida de la calle con todos los peligros y privaciones que aquella uniformidad de muerte".
Visita la Fábrica de Tabacos, que "fue en un tiempo una fábrica muy grande, con 6.000 trabajadoras", y le parece que "las calles de A Coruña tienen mucho de oriental": "Los hombres deambulan llevando odres de agua, justo como hacen en Oriente".